9 jun. 2008

Luna menguante

Luna creciente,
llena, menguante…
¿Desaparece!

Déjame que pase indiferente
entre las sombras.
Déjame que no distinga
ni el contorno ni las formas.

Ayúdame a no ver los pasos
que voy dando equivocados.
Ayúdame a que no descubran
mi valor agazapado.

Ciérrame los ojos y hazme ciego.
Ciérrame los labios y hazme preso.

Luna creciente,
llena, menguante…
¿Desaparece!

Pero antes cuéntame
quién se atrevió a colgarte.
Cuéntame quién, en el universo,
fue capaz de abandonarte.

Muéstrame como lograste
ser paciente.
Muéstrame cómo has logrado
ser recuerdo en cualquier mente.

Y háblame de cómo ves tú este poema.
Háblame de lo que sientes cuando la Tierra te observa.

Y ahora sí…
Luna creciente,
llena, menguante…
¿Desaparece!

Permíteme guiarme con los ojos de la noche.
Permíteme morir sin que me lloren.

8 jun. 2008

Síndrome de la postergación

Alguien, hace semanas, ya me lo advirtió: “Tienes el síndrome de la postergación”, me dijo. Y es cierto que no era un diagnóstico muy precoz, pero todavía se podría remediar.

No lo hice.

Me dejé llevar hacia la extrema irrelevancia, equivocándome ya en el punto de partida: confundí la calma con la pasividad. Y hoy echo la vista atrás y me da miedo lo que encuentro. Son ráfagas de olor desaprovechado, oleadas de incógnitas acobardadas, oportunidades perdidas. Los días, brutalmente vencidos.

Ha dejado de llover mientras me acurrucaba entre las gotas que se detuvieron. Se ha secado mi voluntad. Y he ido deshidratándome poco a poco, permitiendo que se evaporasen los intentos por cambiar.

¿Estaré enferma de verdad?

Muda

Hoy mis palabras no salen.

7 jun. 2008

Cerrando etapas

Cumplí veintidós años en Pokhara (Nepal) tras rodear los Annapurnas. Recuerdo que ese día sentí acabar mis veintiuno habiéndome retado, y habiéndome superado.

Mi decisión de última hora, un trabajo basura precipitado, el adiós temporal, mi aprendizaje en India y mis esfuerzos montañeros durante el último mes… Todo se veía, de pronto, recompensado. Cerraba una etapa con una espléndida sonrisa, muy satisfecha, en un lugar soñado y, con el tiempo, entre mis manos. Y sentí ese día que, durante mi próximo año, podría hacer todo eso que me propusiese.

Y ahora estoy aquí, rozando ya los veintitrés, preguntándome si ha sido así. Si he conseguido hacer todo eso que quería hacer. Si luché lo suficiente, lo bastante; si sufrí lo mínimo. Ahora me pregunto si me comporté bien, si acerté. Si aprendí de mis errores, si sencillamente amé. Ahora me pregunto si he debilitado mis defectos, si agrandé un poco (por lo menos) mis virtudes.

Echando la vista atrás, me percato de que no me he superado. Este último año, finalmente, ni siquiera me he retado.

Y me deprime saber con certeza que esta misma noche no me acostaré satisfecha, sonriendo, y sintiendo que en los próximos meses no seré capaz de hacer todo eso que hoy me propongo.

Hoy no cierro mi última etapa con tanta ilusión.

Qué le vamos a hacer.

6 jun. 2008

Lágrimas de arena

Penetra en mis oídos el eco del silencio. Se mueven todos los papeles que hay sobre esta mesa, perdiendo el orden que jamás tuvieron. Me azota un viento que proviene del desierto.

Y me convierto en furia, en rabia, en lucha. Me transformo en el grito de las últimas voces que acalló la violencia. Me dibujo en las letras de las palabras reprimidas y prohibidas. Me confundo entre la vida y la locura. Y me deshago, parte del repugnante olvido. Pero no muero. Sobrevivo.

Y me despierto a diario sabiendo que el corazón comprimido y el lamento mudo son las semillas que hoy se siembran en nuestras tierras. Sabiendo que se alimentan los débiles brotes que nacen, con el abono que aumenta el terror furtivo. Sabiendo que suavizáis el crecimiento con la ayuda de fertilizantes de amenazas. Y sin embargo duermo cada noche, alabando a todas esas flores que crecen fuertes y brillantes, alabando a todas ésas que se mantienen rectas, entre tanta mala hierba. Porque sí, ¡existen! Pese a esos intentos burdos por pretender que se extingan.

Y el mundo no reacciona ante tal delicadeza. La multitud no atiende al desequilibrio en la balanza. Y ya ni los individuos se inmutan ante escenas tan grotescas.

La incomprensión puede matarnos, es cierto. Pero, ¿nadie se da cuenta, realmente, de que no será más dolorosa que el sometimiento a esta injusticia? A mí es la impotencia la que me roba la vida.

Lloro lágrimas de arena...

Esa tal Aurora

Reloj maldito… espero no estés pensando en detenerte ahora. Teléfono mudo… ¿hoy no me vas a gritar?

Cayendo el sol tras el contorno de los edificios, no puedo buscar en ti más que la compañía: cigarro, humo, ceniza. Discúlpame. Es sólo por no estar sola.

Embarazada de melancolía, me preparo para dar a luz la lejanía. Seré madre soltera más allá de estas fronteras. Pariré la soledad. Y ya nada volverá a ser lo mismo.

Mas quien sabe si entre tanto hielo no sólo se enfriarán mis manos y mis pensamientos. Quizás, el invierno del Polo Norte descongele mi creatividad. Quizás, esa tal Aurora, me contagie su irrealidad.

4 jun. 2008

Pinceladas

Colinas en las nubes,
espuma de un barco,
la cristalización del cielo…
¡como en un cuadro!

3 jun. 2008

Imshala

Inevitable fuerza que,
Manando de toda mente,
Sobrepasa la realidad,
Haciéndose ver posible,
Alimentándose de deseo,
Librándose de los límites, para
Alcanzar los sueños.

* * * Imshala * * *