26 dic. 2009

Confusión

En lugar de día he escrito vida.

En 10 minutos


Mi mente aislada, probablemente más ermitaña hoy que nunca, repasa otra vez tus relatos. Desde las palpitaciones de tu bigotillo hasta el profundo contenido de tus frases. El sereno tono de tu voz, tus gestos.


Como una tarde cualquiera, ya había atardecido tras las dunas del desierto. Te acercaste a mí y hablamos en inglés un rato. Me resumiste la cadena de acontecimientos que te habían llevado hasta los campamentos, y en diez angostos minutos, cambiaste mi día. Antes de que te marcharas me quedé pensando un lapso breve, y te sugerí quedar. Dijiste que sí.


Tu destreza para sonreír en mitad de los recuerdos más amargos y la capacidad para conmoverme durante más de tres cigarros, cambiaron también mi viaje.


Me hablaste de añoranza y del dolor humano. De tu identidad y de la ausencia de esperanza. Imaginé Tan-Tan y comprobé su condición vetada, la necesidad frente a la traición. Sentí tu angustia como perseguido, me ahogó tu falta de libertad… me convertí en refugiada. Y compartiendo tu último deseo, que es la lucha, comprendí incluso por qué crees en la guerra, en la desesperada guerra, como única solución.


Durante unas horas, a tu lado, amé y sufrí como cualquier saharaui, y fue entonces, justo entonces, cuando también cambió algo dentro de mis propias dunas.


Gracias, Mohamed