27 sept. 2008

¿Y qué hago aquí?


¿Y qué hago aquí?

Pasando el tiempo,
lejos de todo,
sin poder verte,
sin abrazarte.

¿Y qué hago aquí?

Contando los días,
lejos de mi vida,
sin poder olerte,
sin escucharte.

¿Y qué hago aquí?

Odiando las noches,
lejos de tu cama,
sin poder besarte,
sin acariciarte.

¿Y qué hago aquí?

Queriendo marcharme,
y llegar a la jaima
donde te encuentre,
donde no te suelte.

¿Y qué hago aquí?

26 sept. 2008

Escribo


Léeme despacio, sin prisa.
No pretendo transmitir nada tan rápido.

No tengo nada que hacer, ni que decir.
Sólo estoy aquí para pasar un rato.

No soy exótico, ni tampoco muy sabio.
Soy un desconocido y no parezco distinto.

No te sorprenderé.
Lo tengo asumido.

Y sin embargo no puedo parar de hacerlo:
Escribo, escribo, escribo, escribo…

Atreviéndome a soñar

Atreviéndome a soñar, lejos de mi hogar, que todavía lo tengo.
Aventurándome a imaginar que no escaparé de vuestras memorias, como muchos otros escaparon de la mía.
Osando creer que los kilómetros no exigen la distancia y que los días pueden parecer segundos.
Hoy, me arriesgo a pensar que quizás sirva de algo lo que hago, que quizás sirva de algo lo que escribo.

Os echo de menos… Pero vuestro apoyo es algo que jamás he echado en falta. Gracias.

25 sept. 2008

Actúa


¿Qué harías TÚ si te despertase mañana el sonido de una bomba? ¿Qué harías si de pronto te quedases sordo? ¿Si perdieses una pierna?
ELLOS dieron la vida por mantener su autonomía. Escucharon el chillido de la pertenencia y caminaron contra la injusticia.

¿Qué harías TÚ si mañana tuvieses que abandonar tu casa sin poderte llevar nada? ¿Qué harías si tu familia se quedase al otro lado de un muro minado?
ELLOS construyeron lejos de su patria, sus hogares, y se mantuvieron unidos contra todo tipo de opresión.

¿Qué harías TÚ si, después de todo esto, te vieses perdido en mitad de un desierto inmenso? ¿Qué harías allí sin agua, sin comida, sin ninguna posibilidad?
ELLOS levantaron un país en el exilio. Y aunque bebieron calor y comieron piedras… Todavía hoy se alimentan de la lucha por la libertad.

TÚ que puedes hablar, sin que por ello te juzguen, no te calles.
TÚ que puedes gritar, sin que por ello te torturen, no sólo hables.
TÚ que puedes actuar, sin que por ello te maten, no sólo grites.

Un día, por 33 años.
LIBERTAD PARA EL PUEBLO SAHARAUI.

24 sept. 2008

Mi primer soneto tuyo

- Desde Finlandia hasta Coslada -




Se despiertan. Les quito las legañas.
Los ojos cerrados de quien confía
se escapan de esta habitación mohína,
corriendo hacia la puerta de la casa.

Buscan en montones de periódicos,
y revuelven, necios, la publicidad.
Les ridiculiza la banalidad…
No ven tu carta mis ojos crujidos.

¿Sabes tú que ésta vez no es la primera?
¡Que la última mañana no será!
Pero aún confío: me darás mi droga.

Si no, como ese libro en primavera,
el otoño finlandés se morirá
con una de sus cuatro esquinas, rota.

23 sept. 2008

¿Un defecto?


Dices, que lo que más me gusta de ti, es un defecto…
Por favor, no me dejes conocer tus virtudes.

21 sept. 2008

Sola


En la soledad que abandona la soledad,
en el silencio que calla el silencio,
yo busqué esta noche alguna voz,
y un poco de compañía.
Pero callada, y abandonada,
se me ha vuelto a hacer de día.

19 sept. 2008

Paloma


Vives todo antes de que se muera.
Tú puedes hacerlo perdurar.

Buscas y rebuscas eso que, alguien,
definió algún día como lógico.
Pero tu existencia es puro sentimiento.
Una casualidad.

Te planteas cada asunto
atribuyéndole cientos de opciones.
Donde otros sólo ven posible una lectura,
tú sabes imaginar.

Eres el motor de cambio
para el que se haya estancado.
Haces despertar al que anda adormilado,
impulsándole a arriesgarse y a soñar.

Para conectar con alguien
no hacen falta años.
El que apreció tu alma en un solo segundo,
asimiló que había que luchar.

Como dijiste tú esa noche:
“Cuánto ansiaba hablar con alguien,
¡hablar de verdad!
Y no quedarme encerrada en una risa banal”.

Cogiste una libreta
para inaugurarla y ensuciarla,
para llenarla de garabatos que, después,
te costaría descifrar.

Fuiste tú misma durante algunas horas,
justo hasta que comenzó a salir el sol.
Y proporcionaste calor a Finlandia,
a través de un frío ordenador.

Y sólo espero que esa noche,

esa increíble noche,

no te pareciese un sueño extraño

y por el contrario sea ahora, parte de tu memoria.

No te enfades conmigo, Paloma.

No te echo de menos.

Pero no te echo de menos,

porque estás aquí, a mi lado.

18 sept. 2008

Sin duda


Acordes sencillos sobre un teclado desencadenan melodías abrumadoras. Me ilumina hoy la cegadora luz del recuerdo. De pronto, regreso al Sahara. Es el poder de la música.

Se condensan mis latidos, mi pecho estalla. Tiritan mis manos mientras van soltando tinta color sangre. Puedo respirar el aire del desierto, aún estando lejos.

El tiempo siempre ha jugado malas pasadas. Pero yo no necesito comprender la historia, ni el día a día. Ni siquiera necesito comprender la vida. No necesito más que el sentimiento que tengo. Ése que me acompaña valla donde valla. Ése que permanece intacto, a pesar de todos mis cambios.

Llegará ese día. Lo sé. Llegará ese día en que volváis a vuestras tierras. Ése día en el que os despertéis delante de la playa. El día en que volváis a estar todos juntos, el día en el que ya no pueda distanciaros de lo que más necesitáis, un cruel muro.

Aunque carezcáis de libertad, sois de los pocos humanos que hoy pueden amarla. Y si yo algún día he conseguido olerla, rozarla, acariciarla, ha sido sólo por vuestro verdadero sentimiento.

Dejaré todo cuanto hoy poseo. Dejaré mi familia, mi país, mi rutina. Dejaré todo cuanto he vivido por luchar a vuestro lado. Por sentir que así la vida que me han dado, servirá para conseguir algo.

Sólo puedo imaginar ese reencuentro. Ese día en que aterrice en vuestros campamentos, para nunca más abandonaros. Para mantenerme siempre a vuestro lado, saharauis, hermanos.

Nunca antes tuve tan claro a lo que quiero dedicar todos y cada uno de mis días. Alcanzaréis la libertad. Aunque hasta hoy ni siquiera hayáis probado un pedazo, sois vosotros quienes, a mí, me la habéis regalado. Vosotros.

Nada hay hoy más merecido que vuestro derecho a decidir, a crecer, a sentir. No hay nada más injusto que sigáis lejos de vuestras casas. No hay nada hoy, sobre el planeta Tierra, más amado que el Sahara Occidental.

Lo lograremos, amigos, hermanos. Podremos con el enemigo. ¡Con el mundo entero si se hace necesario! Podremos con 33 años y los que hagan falta. Podremos con la guerra, con el miedo, con el exilio y con la represión. Juntos, podremos.

En el fondo el mundo entero ya lo sabe… llegará el momento en el que piséis de nuevo el Sahara, pero esta vez, liberado.

Unidos, lo conseguiremos.

¡ SAHARA LIBRE !

¡ SAHARA HURRIA !

17 sept. 2008

Desde fuera


Desde fuera, algunos hablan de distancia inaguantable, de vacío intenso, de miedo.
La mayoría creen que es imaginación, cuestión de tiempo, sufrimiento.
Muchos dicen que no es real, que va a morir, que no se sostendrá.
Otros lo tachan de tortura, de ideal y de locura.

Desde fuera, lo ven como argumento para un libro, como un inicio estúpido de ingenuidad.
Lo entienden como si fuese una ficción caótica con próximo final.
Lo relacionan con la imposibilidad soñada, con un cuento inventado.
Lo tratan de sentimiento inverosímil que nadie puede soportar.

Y, desde dentro… yo sólo puedo reír ante sus infelices pensamientos: ninguno de ellos sabe aún lo que es amar.

15 sept. 2008

Podemos

Podemos cegar la vista del que creyó verlo todo.
Podemos abrir los ojos de quien los tiene cerrados.

Podemos silenciar las bocas de los que hablan demasiado.
Podemos hacer que griten quienes permanecieron callados.

Podemos negar la lógica, probar lo increíble.
Podemos cambiar todo eso que nos propongamos…

¿Que por qué podemos?
Porque creemos. Y porque estamos juntos.
Y juntos… podemos.

14 sept. 2008

Rompiendo esquemas (III)

Destrozas los estereotipos que intenté instaurar un día sobre mí. Ya sé que no seré lo que no soy.

Fingir, disimular, mentir. Todo vale, menos contigo. Y menos conmigo. A nosotros, es imposible que Alicia nos engañe. Y si por un momento intentó hacer de la farsa su propósito, algo parecido a la conciencia colocó súbitamente un espejo frente a ella.

Vuelves, después de haberte ido por un tiempo, y rompes mis esquemas otra vez. En un reflejo me devuelves lo que fui, recordándome que aún soy.

Gracias.

13 sept. 2008

Letras torcidas

Sin ningún oído alrededor, siento que alguien me escucha. Por fin, doto de vida a lo inerte. Papel mojado, arrugado y viejo… ahora te verás lleno. Rebosarás de aliento y de energía. En una noche fría de un verano que no existe, que se ha esfumado, habrás nacido.

Me abrazan sólo mis letras. Hoy prescindo del idioma de los gestos, del constante pensamiento. Víctima de mi silencio, de mi propia hipocresía. Estoy donde he elegido y donde no deseo. Abstracta monotonía… avanzas lentamente usurpándome el remedio. La cama estrecha en la que me recuesto, parece inmensa. Vagabunda soledad, ven a mis brazos, aquí encontrarás cobijo durante un año. Desierto del tacto… Este será tu hogar cuando te vuelvas áspero. Y tú, envidioso dolor, podrás pernoctar entre mis sábanas, cuando la irritación ahogue tu cuello. Aún queda un lugar cálido para todos vosotros, fugitivos, bajo mi edredón nórdico.

Mientras alrededor otros crean recuerdos, mis hábitos se esfuerzan por hallar la inadvertencia. Soy un tronco más de los que hay en el bosque. Inmóvil, quieto. Por un momento todo pareció haber terminado pero, de pronto, resucitó la vida. Para recordarme que aún no he muerto. Mis raíces se estremecen ahí abajo… con descender los escalones las alcanzo. Y sin embargo tira de mí, hacia arriba, una cadena de acero que lucha contra la naturaleza. Bombardeo identidades… sin ser yo misma.

Hasta hoy nunca pensé que escribir sería una ventaja. Frases desordenadas que resguardan trazos recubiertos de nostalgia. Me arrimo al vocabulario. Me domina la muñeca. En pequeños movimientos puedo ser lo que yo quiera. Y aferrándome a un montón de letras, lo consigo. Eso es todo.

7 sept. 2008

Mi nuevo rincón


Sentada en un banquito de madera, situado justo a la orilla del lago que hay al lado de mi casa, me parece haber encontrado ese lugar que buscaba. El lugar de mis letras, el de mi inspiración. Ese lugar en el que estar conmigo misma sin que nadie perturbe mi soledad.

Echo la vista a atrás, y recuerdo aquellos días en los que empecé a sentir que Finlandia era un destino para mí. No conozco mucho aún de este país, y sin embargo ya me está persuadiendo. Creo que no me equivocaba…

En cualquier escondrijo se puede respirar eso que llaman paz, que llega hasta mí a través de suaves ondas en el agua, o a través del olor a pino. El musgo verde reluciente y húmedo sobre las rocas, la infinitud de setas y de hojas sobre la hierba… El otoño se aproxima plagando los bosques de colores que relucen cuando el sol se cuela entre las copas de los árboles. Aquí sólo escucho el piar de los pájaros, el rumor de algún que otro riachuelo y, claro está, el silencio. Así no debo echar de menos mi rutina. Aquí, el día a día, es muy distinto. Pero me gustaría compartir esta belleza con vosotros. Y es que, lo único que le falta a Jyväskylä, es la gente que más quiero.

Por lo demás, me atrevería a decir que es perfecto.

4 sept. 2008

Jyväskylä

Agotada. Después de varios días transitando la ciudad de un lado para otro, solucionando los inconvenientes burocráticos y ubicándome en mi nueva facultad, por fin encuentro un rato tranquilo para sentarme a escribir. Y no me siento tan a gusto como en la terraza de mi casa, pero he de reconocer que las vistas desde este balcón son infinitamente más bonitas.

Jyväskylä se me ha mostrado enormemente cuidada y respetada. Parece como si sus habitantes de verdad la amaran. Me pregunto si, ellos, no se cansan de vivir aquí, como yo me canso de Madrid. Supongo que la quietud de este sitio engancha.

La ciudad es muy pequeña y sosegada, cosa que no cambia en el centro. Se respira un aire como de pueblo… y el olor del monte humedecido por la lluvia, por supuesto.

Los edificios de la universidad no me parecen tan extraordinarios como piensa (o dice) el resto de la gente. Pero es muy posible que yo no sepa apreciar la ¿elegancia? de la arquitectura moderna. De cualquier forma, el lugar en el que se sitúa esta universidad es, cuanto menos, hermoso. Como en un cuento, sus blanquísimas fachadas reposan a los pies de un gran lago, separadas las facultades en dos áreas que se unen a través de un puente no muy largo. Rodeada por pinos que superan la altura de los tejados, la universidad de Jyväskylä espera, con paciencia, la llegada de estudiantes que han nacido en cualquier rincón del mundo. Es impresionante ser consciente de que, cada día, me sentaré a comer frente a una enorme cristalera que me permite ver la imagen que entre bosques y lagos se crea. Simplemente es precioso.

Pero lo que en realidad me viene camelando es que cada tarde, justo cuando empieza a acurrucarse el sol, Jyväskylä me enseña cómo contemplar los cambios de los tonos del atardecer sobre los troncos de los árboles. El cielo todavía despejado y las copas de los pinos van cambiando poco a poco su color, como si en cada hoja hubiese aposentado un camaleón. Me emboba pensar que, nunca antes, pude imaginar tanta belleza en el ocaso sin tener delante el sol. Impresionantes los sobresaltos que tienen a veces las percepciones. Y es que, al final, va a resultar que la gran ventana que preside mi habitación se está convirtiendo en el motor de transformación de mi cuarto. Ahora, el espacio que queda entre estas cuatro paredes, se asemeja más mi guarida.

Aunque sigo subiendo cada escalón muy lentamente y descendiendo inevitablemente como si me deslizase por un tobogán, no he abandonado esa búsqueda del equilibrio. De abajo a arriba tardo días… ¡y de arriba a abajo un soplido! Pero sigo persiguiendo mi estabilidad. Éste es sólo el principio.

1 sept. 2008

Despertar en Jyväskylä

De un sobresalto abro los ojos y, después de remolonear durante un rato, al fin consigo levantarme de la cama.

Irrumpe en mi tenue habitación el sol que entra por los cristales. Lo que más me gusta de este cuarto es su ventana. Grande, tosca, transparente y sin persiana. Nada más ponerme en pie corro a asomarme por ella. Mis pupilas se dilatan y, mis ojos, parpadean. A través de mi ventana puedo ver como, al soplar el viento, los árboles empiezan a bailar estimulados. Los delgados troncos se menean placentera pero involuntariamente, pretendiéndose tocar. Y eso que nunca lo harán.

Parece vibrar la tierra. Y hoy brilla el sol pese a que yo no lo esperaba. A lo lejos, sólo veo bosques. Bosques, bosques y más bosques. De cerca, tan solo pinos. Pinos, pinos y más pinos. Me encanta.

Llegada a Jyväskylä

Como un pez en el desierto,
como un camello en el polo norte,
como un reno en el Amazonas
o como una ballena surcando el cielo.

Así me siento yo entre estas cuatro paredes.

Desorientada, perdida;
fuera de mi ecosistema, de mi medio habitual.

En un lugar que no es el mío.
En una guarida que no es la mía.

Turista, inmigrante, extraña…
Como si careciese de memoria, o de historia.
Como el recién nacido.

Así me siento yo dentro de esta habitación.

Como si nada hubiese vivido,
como si nada de lo que fui hubiese valido.

Tormenta sin truenos…
Me falta el símbolo, mi identidad.
Echo de menos lo conocido.