31 jul. 2008

Mar de dunas

Casi desnuda, dejando que el viento acaricie la parte frontal de mi cuerpo, me entrego por completo al mar, y al tierno oleaje que se mece ahí dentro. Es irónico, quizás, pero me sumerjo en sus profundidades para volver al desierto.

Y navego por el Sahara argelino hasta que el oeste se traga el sol. El mismo sol que se pierde aquí tras las montañas de Mojacar, se posa allí sobre las dunas. Y en ambos horizontes, ¡alejados!, ahora descansa.

Pero solamente lo hará hasta mañana.

30 jul. 2008

Insomnio de una noche veraniega

Me duelen los silencios imposibles.

Me levanto de la cama y doy paseos por la casa. Me enciendo un cigarrillo, cojo la libreta y me preparo para escribir.

Son ya más de las 4 de la madrugada. El tiempo envejece arrastrándome al delirio. Yo sólo quiero dormir, pero parece que hoy, ni siquiera los sueños descansan.

Mis pensamientos vuelan rápido, implacables, hasta el ayer más cercano. Y me devuelven al lugar en el que lo último que deseaba era dormir. Ese lugar tan apartado de la incongruencia de mi mundo. Ése que tanto amo.

Y ahora me detengo entre las jaimas, en una de las escasas sombras. Observo cruzar el desierto a un hombre solitario, moreno, enmarcada su mirada en un turbante negro. Cerrando los ojos, puedo ver el Sahara de nuevo.

29 jul. 2008

El último beso

Hace diez días cruzaba la pista de aterrizaje.

Subí las escaleras que me conducían directamente hasta el avión y me detuve. Me di la vuelta y te busqué con la mirada, aunque sabía perfectamente que ya no era posible verte. Así que cogí aliento y pasé dentro. Sin pensar, localicé mi asiento y abroché mi cinturón.

Comencé a escuchar, acto seguido, el rugido del motor de arranque, y en lo que me pareció una milésima de segundo, ese aparato tan cruel que me alejaba de ti, despegó.

Sentí entonces, otra vez, que todavía no te había dado el último beso. Pero ya estabas lejos.

28 jul. 2008

Pasión saharaui


Ojos oscurecidos por la profundidad de una injusticia pueden dar más luz que el propio sol.

Manos endurecidas por una áspera lucha pueden acariciar suavemente al viento.

Y son sus corazones, armados de firmes creencias, los que son capaces de poblar el desierto con algo más que con arena: con pasión.

27 jul. 2008

Aicilaa...


Tiene raíces urbanas,
corazón de desierto,
un presente oceánico
y un futuro de hielo.

26 jul. 2008

Dibujando

Tratando de retratarte… es obvio que lo mío no es pintar. Aunque tampoco me parece hoy, que lo mío sea escribir.

No se me ocurre nada que no haya escrito o dicho ya más de mil veces:

************* Sahara Libre yaaaaaa *************

23 jul. 2008

Negro y blanca


Negro susurro de pasión blanca.
Blanca piel del
viento negro.
Ayer éramos deseo.

Negro escondite de manos blancas.
Blancas lágrimas del tiempo negro.
Ayer éramos abrazo.

Negro destino de lucha blanca.
Blanca odisea del valor negro.
Hoy somos amor.

22 jul. 2008

Naranja

Mi vida era… naranja.

Me despertaba el sol temprano, estando yo sobre la arena, para desayunar tres tés. Y con la cara aún húmeda, después de lavármela, cruzaba la explanada que hace ya más de dos años denominaron “riada”. (Yo jamás pensé que aquellas lluvias de febrero pudiesen salpicar más allá de los campamentos de Tindouf y, sin embrago, me inundaron también a mí. Pese a todo, es curioso que exista un lugar con este nombre, en mitad del desierto).

Tras algunas de las melfas y turbantes que encontraba, percibía lo que significa la hermandad. Y aún descifrando, extrañamente, algún término del hasanía, estrujé en mis propias manos, las ansias de libertad.

Y convertí el silencio en canto. Y el canto, en grito. Lloré. Y escuché las voces que me hablaron.

Después de pasear bajo “sin-cuenta” estrellas, sobre las dunas nocturnas, volvía a casa amaneciendo, guiada por los rezos pronunciados desde la mezquita. Y ni siquiera durmiendo estaba sola.

Contenida ahora, dentro de las cuatro esquinas de cada fotografía, voy enfermando, pudriéndome, arrugándome frágilmente hasta cerrar los ojos. Eso sí, para poder vislumbrar de nuevo el color naranja.