26 feb. 2008

¡Te escapas!

Te marchas. ¡Te has ido! El reloj parece correr un maratón contra la fugacidad del tiempo.

Recojo tu ausencia. Tu aroma se ha quedado impregnado entre las hojas de estos libros. Si tú supieses qué es exactamente lo que estoy haciendo ahora… no me dejarías escapar.

Y lo que no sé aún es cómo te escapaste tú esa noche… con lo fuerte que te agarraba.

Sigo bailando. Sigo bailando aproximándome al cielo. Como en estado de tripi, el ácido que brota de tu aliento ha perturbado mi postura, y también mis actos. Y en plena embriaguez alucinógena, repaso tus gestos, y también tu cuerpo.

Esto se sale, se va. Se escapa. Como tú lo hiciste. Y con tu fuga no sólo perdí el norte.

Sigo viajando… viajando hacia un Seúl extravagante y sembrado de exotismo. Viajando a un lugar donde la percepción se concentra paulatinamente en una pompa, hasta que estalla.

Y cuanto más quiero acercarme más me alejo. Y cuanto más quiero alejarme más me acerco.

Sopla un viento cálido y asalvajado…

24 feb. 2008

Como en mi sueño

Era como en mi sueño.

Mi cabeza se apoyó sobre tu cuello y no cabía ni un suspiro de aire entre nuestros cuerpos. Aún estando la ropa de por medio, me llegó todo el calor y, de repente, tu olor. Como en mi sueño.

Y ahora la música me obligaba a bailar con lo salvaje. Por fin estabas tan cerca. Tanto, tanto, que tu figura se volvía borrosa ante mis ojos, y entera entre mis brazos.

Era como en mi sueño…pero sin serlo.

19 feb. 2008

Casualidad

Es mi mente la que domina el viento. Soy irreal y, sin embargo, siento.

Ya derrotados el tacto y el olvido, me lanzo a luchar contra el tiempo.

No vale más mi imagen que las palabras.

¡Jamás me pesó el cielo por tenerlo encima!

Se coló un gemido del sol entre las cortinas… Y el reflejo de mi rostro en el espejo me convirtió en parte del azar.

15 feb. 2008

Por mi mundo onírico

Llegas y, sin vacilar, llamas a la puerta del inconsciente. Has cruzado el umbral. Antes de que yo te permitiese el paso, ya caminas por mi mundo onírico. A tus anchas. Como si nunca te hubieses ido.

Y todo fluye y refluye entre sueños cabizbajos, hasta que tú decidas marcharte.

2 feb. 2008

El duendecillo sin nombre


Manos opacas tapaban mis ojos. Banalidades indefensas llenaban mi boca. Mi cuerpo bailaba al compás de la irreflexión y, durante aquel rato, me convertí en olvido.

Lejos de imaginar quien era él, apareció y me destapó los ojos. Calló mi boca y habló la suya. El baile brotaba ahora de su reflexión y, durante aquel rato, se convirtió en recuerdo.

Consecuencia de mi irrealidad envolvente, fui un instante la Musa de su fugaz improvisación poética. El misterio le bañaba mientras yo no me enteraba de que, antes de que yo lo hubiese escrito, él ya lo había leído. Y es que se anticipaba a casi todos mis pensamientos. Pero, a los que no pudo, solamente contestaba: “os odio”. Y entonces me anticipaba yo, leyendo en sus ojos que nos amaba.

Me confesó indignado que sólo le gustaba mi sonrisa. A mí, no me pareció poco. Y como recién salido de algún cuento fantasioso, anoche mismo, entre el tumulto y la embriaguez, se despidió de mí, sonriendo, el duendecillo sin nombre.