11 may 2008

Fusión

De pronto, me topo con esas cosas que no pueden verse estando sólo de turismo. Comienzo a adentrarme en los suburbios de Seúl; a zambullirme en los escondrijos, en los misterios que sólo se descubren o se intuyen cuando uno intenta llegar al fondo, profundizando en cada recoveco. Y sin darme cuenta, mientras trato de recubrir esos callejones con mis andanzas, es Seúl quien penetra en mí.

Ahora esas tierras también viajan… Por mi superficie. Por mis entrañas. Ahora Seúl comienza a reavivar las pequeñas aicilaadas cotidianas que se derritieron en un tiempo pasado. Y así, empiezo a formar parte de ese paisaje seuliano con el que tanto he esperado fundirme.

Manantial de deseo… Todo se nutre bajo las sábanas.

10 may 2008

Llegada a Seúl

Después del oleaje bravo y de la calma suave. Después de las confusiones y una clara incertidumbre. Después del riesgo y de las dudas.
Después de avanzar retrocediendo en infinitas ocasiones. Después de renunciar a mi viaje para finalmente retomarlo. Después de negármelo.
Después de varios meses surcando el mar de la imaginación. Después de naufragar en él mis fantasías. Después de volar soñando y rozar la realidad… Por fin pisé tierra firme.

He llegado a Seúl.

Como sucumbió ayer la noche ante la aparición de la mañana, sucumbió mi inocencia ante los encantos de ese mundo salvaje. Y me adentré en él en un suspiro, en un leve roce, en el encuentro de dos bocas sedientas dispuestas a unirse bajo la lluvia.
Mientras esperábamos llegar a una guarida en la que cobijarnos, el tiempo pasó por delante, abrazado a la ternura.

¡Al fin! Seúl se abría paso ante mis ojos.

Y exploré aquellos senderos que permanecían escondidos. Rebasé la geografía más abrupta y atrevida. Recorrí el contorno de las formas de un paisaje que hoy se muestra inacabado.
Me empapé de agua, de cielo, de tierra… El tacto de una silueta se deshizo entre mis dedos. Y mis ojos se cerraban víctimas de un viento irracional.

Dormí en Seúl.

Y al abrir los ojos contemplé el lugar en el que, tras un viaje turbulento, había aterrizado. Supe así que, desde entonces, no querría abandonarlo.
¡Saboreé tus labios! Pero hoy, lejos de ti, sigo pensando que el insensato huracán que sopló ayer no fue más que otro fragmento de mi sueño inalcanzado. Y esperando equivocarme sólo recuerdo…

He alcanzado Seúl.

Relativizando

Échale un vistazo al cielo. Quizás te lo parece, pero no debe de estar tan lejos.

7 may 2008

Espejismo

Mis ojos se deslizan lentamente por las curvas de tus hombros. Llegados al borde, se lanzan a trepar tu cuello. Es la primera vez que dejas al descubierto esas formas insinuantes en mi presencia. Y deseo bajar rodando hasta tu cintura mas, como siempre, me abstengo.

En un pequeño salto podría alcanzarte… No hay peor impedimento que el que, en realidad, no me impide nada. Pero escojo moverme, actuar, no pensar. Prefiero fingir que lo que estoy rumiando no es recorrerte de norte a sur, de oeste a este, de fuera a dentro. Porque estás frente a mí y, en realidad, nada me impide hacerlo.

¿Me miras así sólo a mí?

Se inflamó el tiempo y ardieron las posibilidades. Preferiría que te vinieses conmigo, pero tú optas por continuar tu rutinario camino de cada tarde. Yo hubiese elegido quedarme entre las flores tropicales de tu camisa verde, permanecer enredada en los tentáculos rizados que intentan ahogar tu pecho. Yo hubiese preferido continuar balanceándome en las alturas de tu cortina ondulada, hoy reluciente, hasta rozar el inicio de la noche plena, sumergiéndome de nuevo en ella.

Seúl es como un espejismo… Aparece y desaparece.

5 may 2008

En tu lugar

Estás aquí a mi lado, en el asiento del copiloto, en el asiento del compañero.
Estás en el lugar en el que un día se sentó mi madre, una amiga, o un amante.
Pero tú no eres nada de todo eso.

Y entonces pienso en secuestrarte aunque opongas resistencia, forzándote a aposentarte en el asiento trasero de mi coche. Ése iba a ser tu lugar…

Pero otra vez la realidad atropelló mi fantasía, y ahora me acordaré de ti, cuando se abra la ventanilla delantera cada vez que yo intente cerrarla.

4 may 2008

Saharaui

Se calla un lamento,
resuena un disparo
y se para el tiempo.
Una vida tras otra.

Te cubre la sangre,
se cierran tus ojos
y cesa el viento.
Una muerte tras otra.

Se siente el pasado,
se sueña el futuro
y se añora el momento.
Un ser humano tras otro.

Me invade un recuerdo,
me embriaga la lucha
y rompo el silencio.
Un saharaui tras otro.

3 may 2008

¿Qué te digo a ti?

¿Qué te digo a ti, primo?
Que eres un héroe, un ganador, un gran valiente, un luchador.
¿Qué te digo a ti?
Que no te has rendido ante la confusión o ante el miedo.
¿Qué te digo a ti?
Que no te venció la incertidumbre o el sufrimiento.

¿Qué te digo a ti, primo?
Que me has enseñado que uno es sólo lo que siente ser.
¿Qué te digo a ti?
Que me has recordado que nadie puede ignorar lo que ve.
¿Qué te digo a ti?
Que me has demostrado que, para querer, lo primero es creer.

¿Qué te digo a ti, primo?
Que la admiración abraza hoy tu cuerpo.
¿Qué te digo a ti?
Que la sinceridad te quitó el aliento.
¿Qué te digo a ti?
Que la transparencia te vistió al completo.

¿Qué te digo a ti, primo?
Que tantas cosas tendrás que decir.

¡¡¡Dime!!!

¿Qué le digo a alguien que, al borde de un abismo, aterrizó en el inverosímil lugar en el que un hombre se aceptó a sí mismo?

Irrelevante

Párrafos de soledad. Mundanal frío. Ya ni siquiera llueve cuando estoy presente.

2 may 2008

Un nuevo intento

He pensado varias veces dedicarte algunas de mis líneas, pero nunca he sabido. De hecho, hoy también sigo creyendo que es difícil. Empiezo de cero.

Es la palabra escrita la canalización de mi sentimiento y, sin embargo, contigo, no puedo, no llego. Se amontonan las letras sobre el papel en blanco. Se chocan. Y hasta pelean. Todas quieren rodear la misma cosa pero, aunque se lo propongan, no consiguen abracarla.

Mis letras están débiles como para atreverse a reducir la inmensidad a pequeños límites. Mis palabras no aspiran a ser la huella de una pisada tan fuerte. Mis frases no pueden significar lo que eres.

Beatriche… es descabellado tratar de identificarte en estos miserables párrafos… y sin embargo son para ti.

Sin duda, sigues siendo mi gran reto a la hora de escribir.

1 may 2008

Pretérito imperfecto

Realizar lo irrealizable.
Parar el tiempo.
Alcanzar al viento.
Eso me dabas tú.

Asegurar lo inseguro.
Desvestir lo desnudo.
Desear lo prohibido.
Eso me dabas tú.

Ver lo invisible.
Colorear el desierto.
Asustar al miedo.
Eso me dabas tú.

Vencer lo invencible.
Conservar las huellas.
Inmortalizar lo efímero.
Eso me dabas tú.

Penetrar lo impenetrable.
Revivir la inexperiencia.
Acercar la distancia.
Eso me dabas tú.

Pensar lo impensable.
Acariciar lo intocable.
Satisfacer lo insaciable.
Eso me dabas tú.

Creer lo increíble.
Soñar lo imposible.
Amar lo inalcanzable.
Eso me dabas tú.

30 abr 2008

Impaciente

Se desvían mis ojos infinitas veces, indomables hacia esa puerta.
Y tú no sales.

Se tuercen mis pasos en cada movimiento, enrevesándose en el pasillo.
Y tú no pasas.

Se distraen mis oídos continuamente, inquietos con cada ruido.
Y tú no eres.

Se pierden mis sueños extrañamente, desvaneciéndose en cada tarde.
Y tú no vienes.

Se nublan mis esperanzas muy lentamente, ahogándose en un suspiro.
Y tú no llegas.

Y de repente baila mi pecho alocadamente, acelerando el tic-tac del tiempo…
Tú apareces.

29 abr 2008

Raquelilla (III)

Mientras luchas por contener el desbordamiento en tus ojos, yo sólo puedo mirarte perpleja: es la primera vez que alguien reacciona así ante mis líneas.

Intentas seguir leyendo y tiemblan tu voz y tus manos. Entonces, tiemblan también mis piernas, y descubro la grandeza de que tú me consideres una pequeñísima escritora.

A veces pienso que la vida me exigía conocerte. A menudo me extraño por no haberte encontrado antes. Últimamente, creo que eres tú esa compañera tan esperada. Ésa con quien mirar hacia el frente; ésa con quien perder la cabeza.

Hoy, eres tú el motivo principal por el que agarro mi bolígrafo rojo, y, como cada tarde, me siento a relatar.

28 abr 2008

Yo soy...

Barco en el desierto,
hielo ante el fuego,
la pluma contra el viento.
¡Estúpida!

Murmullo en el silencio,
inmutable ante el tiempo,
la inseguridad contra el miedo.
¡Estúpida!

Desenlace en el comienzo,
pintura seca ante el lienzo,
la finitud contra el cielo.
¡Estúpida!

Acercándose el verano...

Hoy vuelvo a dormir con la ventana abierta.

Buscando la hipnosis

Me acerco un cigarro a la boca, despacio, mientras mis pupilas tratan de esquivar el humo buscando la hipnosis.

Te tuve un día tan cerca, ¡y hoy te tengo tan lejos!

Tu nombre me suena a olvido y tus promesas, a sueños.

Sepultadas las ilusiones, me aventuro a confiar en los recuerdos. Una vez más estoy viviendo de algo que, quizás, murió hace tiempo o, lo que es peor, sólo nació en mi pecho.

¿Aprenderé algún día a juntar lo imposible con lo eterno?

A menos de un metro

Aguarda un mensaje bajo algunos papeles apretados por trazos negros. Tú no lo has visto aún, pero detrás del rojo inocente se esconden palabras cohibidas. Y todo el significado se concentra en los espacios en blanco que han quedado entre las letras. Esos espacios que a ti te pasan desapercibidos. Y entonces reflexiono que, quizás, es esto lo que debí escribirte entonces. Pero no lo hice. El valor huyó en ese preciso instante y fue imposible recuperarlo a tiempo.

Ahora llegan hasta mí, ráfagas de olor seuliano. Me inundan los movimientos de tu oleaje. Y estando tan cerca, me inquieta no poder escuchar tus pensamientos.

Me voy, el miedo invade y tengo que marcharme antes de que lo leas.

27 abr 2008

Cambio de estación

Nadie me dijo nunca que sería tan solitaria. Nadie me avisó de que escogería siempre lo más difícil. Nadie me concienció de que debía ser fuerte.

Pero alguien que no conozco reveló que las “despedidas son indispensables para los reencuentros” y, después de saber esto, llegué hasta ti. Hoy, no tengo otro remedio que apoyarme en la sabiduría popular para entender el paso del tiempo.

Me alejé de ti en el equinoccio de primavera pero (si Ala quiere), me reuniré contigo en el solsticio de verano.

Tus insignificantes grandezas

Indago tras esa nube rizada. Bajo ella, se aparece un horizonte muy lejano, profundo, hasta infinito. Mientras me hablas, únicamente pienso que tu mirada ha traspasado mis límites. Lo ha hecho.

El fulgor de la media luna tras las sombras encrespadas me seduce, y el retumbar de un carcajeo entusiasmado me ensordece. Tu sonrisa me transporta hasta una esfera diferente. Lo consigue.

Por un sendero de cuadros retorcidos me doy el más febril de los paseos, y llego a la plenitud naranja. Mientras tú charlas, yo me distraigo, viajando sin seguir ningún tipo de cuadro y alcanzando en sueños la plenitud de tu orgasmo.

Un latir acelerado se remueve entre tirantes musicales que, cuando se derrumban hasta tu cintura, a mí me arrastran transportándome a un estado de locura.

No sé evitar lo que no quiero evitar. Aunque oralmente lo niegue… no pierdo ningún instante cuando puedo imaginar.

26 abr 2008

Añorándote

Me invaden tus ojos desérticos entre tanta naturaleza.
Me ahoga tu cuerpo oscuro en la claridad de la mañana.
Me aplastan tus gordos besos ante la finura del silencio.
Me atrapa tu voz calmada frente al piar de los pájaros.
Me atan tus manos suaves a la corteza del tronco de un árbol.
Me tumban tus deseos anhelantes cuando sigo mis pasos.
Me agazapo entre tus estrellados brazos temiendo la soledad.

Y, sin embargo, en algo me llena tu incómoda ausencia… pues se liberan mis sueños aplastando la prohibición.

Será ésa

Interrupciones constantes antes de trazar mis primeras letras. Inconvenientes fugaces que se llevan consigo la eternidad de una idea. Vuela mi pensamiento, pero oscurece en Madrid más que en mi alma. Y cuando él sol se marcha, no arrastra con él todo signo de luz.

Suena un murmullo a lo lejos. ¿Será mi imaginación? Me parece hallar, entre estatuas perecederas, un rastro de voz inmortal. Ésa que nunca se calla, ésa que habla aún cuando parece muda. Ésa que obliga a escuchar incluso a aquel que se hizo el sordo. Ésa que no me abandona…

¿Será mi conciencia?

25 abr 2008

Raquelilla (II)

Desmotivada. Sin encontrar por ningún lado la razón por la que hoy me muevo.

Ante mi asombro, has sido tú quien se ha acordado de mí esta tarde… Hacía sólo unas horas que yo pensaba en llamarte. Y es que yo también añoro hablar contigo, verte a diario, compartir las experiencias que al final tanto nos unen.

Y ahora me parece eterna la espera, pero sé seguro que, sin darnos cuenta, estaremos las dos subidas en un avión, rumbo a Argelia, para pisar tras un largo viaje nuestro añorado desierto.

Por fin, de frente a nada, nos reuniremos por las mañanas ante una jaima. Por las tardes, nos sentaremos frente a las dunas y, por las noches, al fin, charlaremos bajo ese cielo sepulcral de estrellas. Y volveremos a reír como lo hicimos aquellos días. Volveremos al lugar en el que de verdad nos conocimos. Tú y yo, juntas. De nuevo.

Y es cierto, Raquel, que sólo tú eres consciente de cuánto añoro el Sahara… Lo que no sabes, amiga, es cuánto te extraño a ti.

En un día desconsolado, tus palabras son las únicas que me han llevado a sonreír. Gracias, una vez más, por no olvidarte de mí. Eres un tesoro de mi vida que, sin duda, tardé más tiempo del que yo hubiese elegido en descubrir.

24 abr 2008

Quédate conmigo

Un leve roce en mi muslo. Introduces, ligeramente, la mano en mi bolsillo. Me giro. Me miras. Te sonrío. Te ríes. Y me das de fumar con tus dedos, mientras me imagino besarte las manos, en vez de besar el cigarro.

Me quedaría a tu lado. Aún sin rozarte. Me sobra con que tu cuerpo se detenga ante el mío, ¡pero que no se valla! Me enrabieta que siempre dures solamente unos instantes a mi lado.

Dime tú, si es que lo sabes, ¿por qué huyes? Digo yo que no lo sabes… ¿Por qué otras veces huyo yo?